Un total de 24 jóvenes participaron este verano en las actividades de voluntariado organizadas por Cáritas en Arousa, una experiencia que les permitió conocer de primera mano distintas realidades de exclusión social presentes en su entorno y colaborar en algunos de los recursos que la entidad mantiene activos en la comarca.
La iniciativa se desarrolló entre los meses de julio y septiembre y contó con la participación de 18 adolescentes del Colegio Filipenses de Vilagarcía de Arousa, de entre 14 y 15 años, y seis jóvenes procedentes de centros La Salle de Santiago de Compostela, Valladolid y Burgos, de entre 20 y 22 años.
Más allá del apoyo prestado a los distintos programas, el objetivo fue favorecer el contacto directo con personas en situación de vulnerabilidad y ofrecer a los participantes una experiencia de sensibilización social vinculada al voluntariado.

Colaboración con el Comedor Social y otros programas
Los estudiantes del Colegio Filipenses participaron entre el 1 de julio y el 4 de septiembre, organizados en pequeños grupos que fueron rotando por diferentes tareas. Entre ellas figuraron trabajos de almacén, apoyo logístico y la preparación de bocadillos destinados a las cenas de las personas usuarias del Comedor Social.
Este recurso atendió durante los meses de verano una media aproximada de 55 personas al día, convirtiéndose en uno de los principales espacios de colaboración para los jóvenes. También participaron en tareas puntuales relacionadas con el funcionamiento cotidiano de la entidad, como campañas de apoyo administrativo o preparación de materiales.
Desde Cáritas Diocesana de Santiago se destaca que este tipo de experiencias permiten a los adolescentes acercarse a situaciones sociales que en muchas ocasiones permanecen alejadas de su realidad diaria, favoreciendo una comprensión más directa de las dificultades que afrontan numerosas familias y personas de la comarca.
Valeria, una de las participantes, resume así su experiencia diciendo que “Llegar allí por la mañana y hacer los bocadillos para las personas del comedor social es una experiencia que te llena porque sabía que estaba aportando mi granito de arena. He disfrutado muchísimo todos y cada uno de los días y recomiendo a todos que prueben”.
Pero esta valoración positiva no procede únicamente de los jóvenes participantes. A lo largo de los últimos años, numerosas familias se han acercado a Cáritas para agradecer la oportunidad que se brinda a sus hijos e hijas de conocer de cerca situaciones de vulnerabilidad y desarrollar valores como la solidaridad, la empatía, el respeto o la responsabilidad. Desde la entidad consideran que este acercamiento temprano a la realidad social contribuye a formar una ciudadanía más comprometida y consciente de las dificultades que existen también en su entorno más próximo.

La realidad del sinhogarismo en San Cibrán
La experiencia desarrollada por los jóvenes de La Salle incorporó además un componente de convivencia. En julio residieron en el recurso de San Cibrán, compartiendo durante varios días espacios y actividades con personas en situación de sinhogarismo.
Durante su estancia colaboraron en el Comedor Social, participaron como apoyo en cocina y servicio de comidas, ayudaron en el almacén y en la recepción de donaciones, acompañaron al equipo del programa Comedor Sobre Ruedas y conocieron iniciativas como Laborando-Caló.
También participaron en talleres y actividades desarrolladas dentro del propio recurso residencial, colaborando en distintas tareas cotidianas y compartiendo tiempo con las personas que allí residen.
La convivencia permitió que los participantes escuchasen directamente las historias de vida de las personas usuarias de los recursos, una circunstancia que, según trasladan desde la entidad, contribuye a romper prejuicios y a comprender mejor situaciones de exclusión que habitualmente se observan desde la distancia.
Según explican los propios jóvenes al finalizar la experiencia, “conocer a las personas más allá de su situación social les llevó a replantearse muchas ideas preconcebidas”. Descubrieron trayectorias vitales muy diversas y comprendieron que “detrás de cada situación de vulnerabilidad existen circunstancias personales complejas que no siempre son visibles desde fuera”.
Para Cáritas, este contacto directo constituye uno de los aspectos más valiosos del programa. No se trata únicamente de realizar tareas de apoyo, sino de conocer personas, escuchar sus historias y compartir tiempo con ellas.
Una colaboración consolidada
La relación entre Cáritas Interparroquial de Arousa y los centros educativos participantes se mantiene desde hace años y se ha reforzado especialmente tras la pandemia. La organización de estas actividades comienza a prepararse con meses de antelación para coordinar la incorporación de los jóvenes a los distintos programas durante el verano.
La continuidad de esta colaboración ha permitido consolidar una iniciativa que ya forma parte de la programación habitual de verano de la entidad. Lejos de tratarse de una actividad puntual, se ha convertido en una herramienta educativa y de sensibilización social sostenida en el tiempo, con resultados positivos tanto para los participantes como para la propia organización.
Desde Cáritas destacan además que la presencia de los jóvenes supone un apoyo relevante para el funcionamiento ordinario de varios recursos durante los meses estivales, un periodo en el que muchas actividades continúan desarrollándose con normalidad pese a la reducción habitual de la actividad académica y laboral.
Una experiencia con impacto
La entidad subraya que el valor de la iniciativa va mucho más allá de las horas de voluntariado realizadas. El objetivo principal es que los participantes puedan acercarse a las realidades sociales que acompañan los diferentes programas de Cáritas y desarrollar una mirada más cercana, empática y libre de estereotipos.
La experiencia demuestra, además, que el voluntariado genera un impacto bidireccional. Los jóvenes aportan tiempo, energía y compromiso al funcionamiento de los distintos recursos, mientras que reciben una vivencia personal que les permite conocer otras realidades, cuestionar prejuicios y ampliar su comprensión de los problemas sociales.
En una comarca como O Salnés, donde la actividad económica vinculada al turismo y los servicios convive con situaciones de vulnerabilidad que a menudo permanecen poco visibles, iniciativas de este tipo contribuyen a acercar a las nuevas generaciones a una realidad presente en su propio entorno.
Mirar de cerca una realidad que existe en el entorno
Desde Cáritas Interparroquial de Arousa, su directora, Mar Viqueira, considera que “este tipo de experiencias ayudan a crear espacios de encuentro entre generaciones y realidades sociales distintas, favoreciendo una comprensión más cercana de las situaciones de pobreza, exclusión y sinhogarismo”.
La entidad destaca que el voluntariado no se limita a la realización de una tarea concreta, sino que implica también escuchar, compartir y comprender las circunstancias de otras personas. Por ello, anima “especialmente a los jóvenes a participar en iniciativas de compromiso social que permitan fortalecer los vínculos comunitarios y contribuir a una sociedad más inclusiva y cohesionada”.
Con la planificación del próximo curso ya en marcha, Cáritas prevé mantener esta línea de colaboración con los centros educativos, consolidando un programa que combina apoyo directo a los recursos sociales con una dimensión pedagógica que cada año alcanza a nuevos participantes.









